Paso 2. Mezcla los ingredientes
Pon la harina en un recipiente grande y añade la levadura preparada. Mezcla hasta que la harina absorba el agua y se forme una masa irregular.
Incorpora la sal y continúa mezclando hasta que los ingredientes estén bien integrados.
La masa debe quedar ligeramente húmeda y elástica. Evita añadir demasiada harina, porque podría hacer que los bolillos queden secos y compactos.
Paso 3. Amasa hasta obtener una masa elástica
Coloca la masa sobre una superficie limpia y amasa durante unos 10–12 minutos a mano.
Al principio puede sentirse pegajosa, pero a medida que trabajes la masa se volverá más lisa y manejable.
Si tienes una amasadora, puedes utilizarla a velocidad baja o media siguiendo las instrucciones del fabricante.
Para comprobar si está lista, estira suavemente una pequeña porción: debe ofrecer cierta elasticidad sin romperse inmediatamente.
Paso 4. Deja fermentar la masa
Forma una bola y colócala en un recipiente ligeramente engrasado. Cúbrela con un paño limpio o una tapa.
Déjala reposar en un lugar templado durante aproximadamente 60–90 minutos, o hasta que aumente notablemente de volumen.
El tiempo puede variar según la temperatura de tu cocina. En lugar de fijarte únicamente en el reloj, observa cómo evoluciona la masa.
Paso 5. Divide y forma los bolillos
Cuando la masa haya fermentado, colócala sobre la superficie de trabajo y presiónala suavemente para eliminar parte del gas acumulado.
Divídela en seis porciones de tamaño similar.
Toma una porción, aplánala ligeramente y enrolla la masa hacia el centro, sellando la unión con los dedos. Alarga los extremos suavemente para conseguir la forma característica del bolillo.
Repite el proceso con las demás porciones.
Coloca los panes en una bandeja con papel de hornear, dejando espacio entre ellos para que puedan crecer.